dissabte, 18 d’agost de 2018

Virus




Algunos virólogos de prestigio dicen que los virus no existen como agentes patógenos.

Pero si os fijáis, virus es una palabra que cada vez se está “viralizando” más. Se usa en diversas situaciones pero todas tienen algo en común, peligro, ataque, enfermedad. Ha pasado a ser un icono del mal en nuestra época.

Virus es aquel cajón de sastre que sirve para todo.

Los médicos y sobre todo los pediatras lo sabemos muy bien. Cuando un niño tiene fiebre y otros síntomas inespecíficos, descartados otros diagnósticos y por eliminación, concluimos que el virus es el causante. Será una virasis, repetimos los médicos continuamente, ante esos cuadros tan comunes, que no son más que saludables crisis de reajuste del organismo ¿Pero qué rigor científico hay en la afirmación de que la causa es un virus?


Grandes epidemias de la historia, como la gripe española, según dicen, fueron producidas por virus. Pero ya sabemos que lo que nos han vendido como historia la mayoría de las veces es la versión interesada de quien tiene el poder.
Cuando investigadores independientes miran hacia atrás se dan cuenta de que todas las afirmaciones que se dan por ciertas, creencias que nos han repetido hasta la saciedad, son falsas, o por lo menos no hay bases que las demuestren. Entre ellas están por ejemplo las temidas epidemias de polio, que tanto miedo causaron y aún persisten en la memoria colectiva. Dichas epidemias las causaron pesticidas, pero era más fácil culpar a ese enemigo desconocido, el virus, librando de toda responsabilidad a quienes las produjeron.

Cada tanto, nos amenazan de nuevo con un virus. Cuando no es el Ébola, es el Zika, o el de la Gripe A. Qué suerte y que fácil disponer de esta entidad maligna, imposible de ver, y por tanto de demostrar, para la gran mayoría de los seres humanos.

Inventa un enemigo invisible y échale todas las culpas ¡que eficaz instrumento para crear miedo y controlar a la población!

Tenemos a personajes como Bill Gates, anunciando a menudo que seremos víctimas de una gran epidemia por un virus aún desconocido. Una paradoja que raya en la comicidad, si no fuera porqué su absurda afirmación, digna de la distopía más hollywoodiana, probablemente expresa los planes que están preparando en la trastienda estas élites globalizadoras, cuyo objetivo es el control de la población, al precio que sea.

La tecnología informática en seguida adoptó este término, para abundar en el miedo a ese enemigo invisible y terrorífico. Los virus informáticos que nos pueden destruir toda la información o invadir nuestro ordenador. Y su solución, los antivirus. Todavía me extraña que no los hayan llamado vacunas, otra de las palabras que más utilizan los medios, los políticos y tertulianos en general, en su sentido metafórico, de aquello que nos protege o defiende.

Tenemos pues estos dos términos, virus y vacunas, lanzados deliberadamente desde alguna mente pensante con toda intención, y que todos los situados por debajo de la pirámide se encargan de replicar y viralizar, para que nos queden bien grabadas en nuestro inconsciente colectivo.
Un arma semántica precisa, para utilizarla convenientemente en su momento.

El virólogo Stefan Lanka niega la existencia del VIH y el de la gripe, además afirma que no existe el virus del sarampión y ofreció una recompensa a quien le demostrara que existía; cuando un estudiante le presentó pruebas, se negó a recompensarlo aduciendo que no eran fehacientes, sentencia que corroboró el tribunal supremo de Alemania, dando la razón a Lanka.
El doctor en biología y catedrático Máximo Sandín define los virus como “paquetes de información genética”.
O Peter Duesberg, doctor en química y profesor en Berkeley, que también niega la existencia del VIH.

Pero aun así, los virus están cada vez más presentes, cual fantasmas, en nuestras vidas cotidianas.

Leo con estupefacción el último invento vírico: “El virus marino que está cambiando la atmósfera” Una complicada teoría sobre virus gigantes que afectan al plancton y como esto influye sobre la formación de nubes, literalmente explica esto:
Lo que han observado los investigadores es que cuando el virus EhV infecta a E. huxleyi parte de su caparazón se desprende y terminan ascendiendo al aire. Una vez dispersadas en la atmósfera, estos fragmentos de carbonato cálcico pasan a formar parte de un tipo de emisiones conocidas como aerosoles de dispersión marina (SSAs, por sus siglas en inglés). “Los SSAs son partículas emitidas a la atmósfera cuando se forman burbujas en la espuma oceánica”, explica Ilan Koren, coautora del trabajo. “Cubren el 70 por ciento de la atmósfera y pueden servir como núcleos de condensación, para sostener reacciones químicas y, como son reflectivas, contribuir de forma significativa al equilibrio de radiación terrestre (la diferencia entre cuanta energía solar absorbe el planeta y cuanto emite de vuelta al espacio)”.

En fin, que ya están preparándonos con teorías imposibles y complejas, para justificar las fumigaciones tóxicas con que nos envenenan cada día. Los programas de Geoingenieria -reconocidos oficialmente y utilizados desde hace tiempo- son una de las mayores amenazas a la salud pública junto con las vacunas, pero ahora ya han encontrado la manera de desviar la atención y de nuevo el culpable es: un virus!

Los terribles, los chicos malos, los virus, nos invaden, como ya se encargan de avisarnos en las grandes producciones de la gran factoría servidora del sistema globalista: Hollywood. Desconozco el número de filmes que tratan este tema de manera apocalíptica, pero seguro que son muchos.

Los terribles virus, simples paquetes de información genética imprescindibles para la vida.
Somos bacterias y virus, como dice Máximo Sandín, no tenemos nada que temer.



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