dilluns, 22 de juliol de 2019

Camino particular hacia el Reencuentro y el Héroe


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Hay un camino particular que lleva al reencuentro con tu Ser. Y es particular, este camino, porqué solo tú lo puedes recorrer. Como mucho alguien a quien tú le permites, te puede acompañar un tramo, pero es un camino de soledad.

No es fácil el recorrido, hay que hacer frente a tu sombra, traspasar obstáculos, afrontar miedos y heridas, dolor y tristezas.
Eres como una lámpara y conforme vas avanzando, vas iluminando tu oscuridad y eso lleva a expandir tu conciencia.

El camino se inicia con sensación de estar perdido, de desconcierto, de caos, de transitar una región desconocida. Por eso se agradece al principio algún guía que sepa de recorrer caminos particulares.
Pero el guía debe dejarte solo en cierto momento, es la única manera de avanzar por el lugar correcto.

A cada nuevo obstáculo superado hay un subidón de alegría, a la par que una recuperación de energía y el entusiasmo de empezar a reconocer el paisaje. No olvides que estás volviendo a casa y que poco a poco vas recordando quien eres y de donde procedes.
Y conforme avanzas vas dejando lastre, vas desprogramándote, eliminando todas aquellas creencias, ideas, convicciones que te habían introducido en el sistema y eso, te quita peso, empiezas a caminar más ligero, más sutil.

No es ninguna evolución hacia nada nuevo lo que haces, es la vuelta a lo que ya eres, es un reencuentro contigo mismo después de hallarte perdido por mucho tiempo.
No es un nuevo hombre el que buscas, es el anciano-niño-joven atemporal que siempre ha estado y siempre está, encuentras al Eterno.

Y la sombra, la programación y todos los restos a eliminar forman parte de tu experiencia. Se pueden haber incrustado en tu alma en esta vida actual, en otras experiencias extra mundanas, en las cargas familiares que pasan de padres a hijos, hasta que algún guerreo decide deshacerse de ellas. Son las experiencias no resueltas, enquistadas, ocultas que van creciendo en la oscuridad.

Mientras sigan ahí, encerradas, sin ver la luz ni ventilarse, van a ir creciendo poco a poco, a veces repitiendo las situaciones molestas que nos generan para que las atendamos (las órbitas en las que estamos dando vueltas). Otras veces cambiando la forma de llamar nuestra atención, pero siempre ahí y siempre más y más grandes.

Un egregor energético de la oscuridad que se manifiesta en forma de miedo, monstruo, fantasma y que se va heredando en los linajes familiares, grupales o nacionales, hasta que algún valiente lo enfrenta, mira los ojos del monstruo y este se deshace como la niebla.

El HÉROE

De ahí tantas leyendas y mitos, cuentos sobre dragones y héroes que vencen al monstruo. Figuras arquetípicas del inconsciente colectivo de la humanidad y por tanto de toda la Tierra. Tendrá diferentes formas y paisajes según el área geográfica, pero la historia central, la esencia, siempre es la misma.

Los héroes suelen ser hombres y es que es el aspecto masculino de nuestra alma, el ánimus junguiano, el que hace este trabajo.
Pero desde una visión limitada y pobre de esta nuestra limitada y pobre era moderna, que no ve más allá de sus narices, se pretende feminizar al héroe, quitándole así toda la fuerza, debilitando esa energía fabulosa que nos hace a hombres y mujeres, enfrentar nuestros fantasmas.

Ese empeño en querer cambiar los sexos de los arquetipos, masculinizar a las hembras o feminizar a los machos demuestra que no se ha entendido nada, que hay una interpretación poco inteligente de la psique humana.
Las caperucitas que se comen lobos, las bellas que despiertan con un beso a príncipes durmientes, o las caballeras que con su espada derrotan al enemigo, son solo necedades de esa tendencia moderna a destruir las claras identidades biológicas y por ende, las psiques de las personas.

La modernidad no puede nunca superar a las viejas tradiciones (las de verdad ancestrales reflejo de sabiduría, no las que nos explican tergiversando la historia) que se han ido transmitiendo de generación en generación a través de las leyendas, mitos y cuentos.
La modernidad es un invento para manipular y esclavizar más al humano, para confundirlo y perderlo en un desierto sin señales ni referencias.

Lo mismo que hay un sexo biológico y natural del cuerpo físico, existen atributos femeninos y masculinos claros y bien definidos en nuestra alma y tienen una función. Es nuestro trabajo recuperar la limpieza y eficacia de las funciones del cuerpo y el alma.
Y está claro que hay mucha sombra, mucho dolor, mucha herida que sanar, mucho programa que resetear, pero ahí está la misión de cada Ser.

Y por cierto…¿verdad que mamá os enseñó a lavaros cuando os ensuciabais en los charcos? ¿Verdad que ella os limpiaba de pequeños y poco a poco os adiestraba en vuestro aprendizaje a eliminar la suciedad de vuestro cuerpo?
Pues bien, eso mismo habría que aplicar a la suciedad de nuestro campo energético, de nuestros cuerpos sutiles. Si vas siempre a que mamá te lave y no aprendes a hacerlo tú mismo, siempre necesitarás a mamá o siempre estarás sucio.

¿Mamá también te enseño como ensuciarte menos? Si no, siempre puedes aprender, que ya eres mayorcito.

Lua Català
22 juliol 2019


dilluns, 15 de juliol de 2019

Tratando la fiebre en niños



Enlazando con mi entrada anterior acerca de las enfermedades típicas de la infancia y su conveniencia para la salud futura de la persona, he encontrado este texto del Dr.Thomas Cowan, Doctor en medicina, del que comparto un fragmento por parecerme un muy buena e interesante reflexión y enfoque de la enfermedad en los niños.

Al discutir cómo tratar a niños enfermos, encontramos que hay una serie de descubrimientos que contradicen nuestra forma actual de ver las enfermedades infecciosas. Ahora vemos a las enfermedades infecciosas como episodios causados por virus y bacterias que nos invaden sin que podamos verlos, agobian a nuestro sistema inmune, y que deberían ser previstas, evitadas, o desechadas tan rápida y agresivamente como nos sea posible. En otras palabras, nuestra filosofía de la enfermedad pretende que estos episodios de malestar sean vistos como episodios casuales y sin relación entre ellos, de los que nada bueno resulta.

EL PROPÓSITO DE LA FIEBRE
Sin embargo, los hechos cuentan otra historia. Por ejemplo, todos los textos de pediatría nos dicen que un infante que tiene el síndrome nefrótico, una enfermedad en la que los riñones empiezan a dejar escapar las proteínas, se curará si es que al mismo tiempo contrae sarampión. De hecho, el sarampión es la única cura conocida para el síndrome nefrótico, que de lo contrario es tratado con el martirio de tomar Prednisona a largo plazo. Curiosamente, aplicar una vacuna de sarampión no funciona en curar el síndrome nefrótico.

Aquellos que han leído mi libro The Fourfold Path to Healing (El camino de cuatro vías hacia la sanación) saben que la historia completa del tratamiento del cáncer está íntimamente relacionado con el fenómeno de una enfermedad infecciosa. Han sido registrados muchos casos de cáncer que han retrocedido cuando el paciente contrae una enfermedad infecciosa, siendo el estreptococo el que probablemente tenga mayor capacidad de curar el cáncer. 
El estreptococo ha sido utilizado en vacunas contra el cáncer, de manera particular por el cirujano John Coley, doctor en medicina, quien reportó una remisión de casi el 40 por ciento en pacientes con cáncer al haber recibido su vacuna. En la oncología moderna, el bacilo de la tuberculosis aún es usado en el cáncer de vejiga inyectándolo a la vejiga de los afectados con este cáncer. De hecho, algunos pediatras y oncólogos han postulado que la epidemia moderna de cáncer en los niños es un resultado predecible de nuestra manía de prevenir la fiebre en nuestros niños dándoles aspirinas, tylenol y antibióticos.

Claramente, hay más detrás de las infecciones que sólo mala suerte y algo de lo que debemos deshacernos a toda costa. Profundicemos en su historia. Cuando un infante contrae fiebre, muchos procesos son activados en su cuerpo, procesos que podemos ver y experimentar sin el uso de ningún análisis en especial ni instrumentos costosos.  Primero, se incrementa el calor corporal, tanto de manera local (en donde ocurre la infección, por ejemplo en las amígdalas) como de manera sistémica. Esta respuesta sistémica es medida por la temperatura elevada del termómetro. Luego hay dolor, tanto local como generalizado, podemos llegar a sentir dolor en todo el cuerpo. En tercer lugar hay hinchazón. Finalmente hay enrojecimiento. Estos dos últimos se dan principalmente en el lugar de la infección, sin embargo cuando alcanzan grados altos vemos que toda la cara del niño se enrojece e incluso se hincha un poco. Los libros de patologías identifican estos cambios como los cuatro signos cardinales de inflamación.
En Fourfold discuto la teoría de que tenemos cuatro “cuerpos”, cada uno de los cuales participa en cada inflamación y cada uno de los cuales se activa cuando estamos enfermos. El cuerpo físico o terrenal se enrojece; el cuerpo fluído o etérico incorpora aún más fluidos, que llamamos hinchazón; el cuerpo emocional o astral experimenta una sensibilidad agudizada, que llamamos dolor, y el cuerpo cálido o mental se involucra elevando nuestra temperatura. Esta activación de los cuatro cuerpos es particularmente aguda en niños debido a que el propósito entero de la niñez es que vayamos creciendo y moldeando nuestro cuerpo hacia uno que calce nuestro propósito en la vida.
Otra manera de presentar esto es que cuando un infante se topa con un obstáculo, digamos una proteína extraña o un órgano que no se ha formado debidamente, entonces activará su “modalidad de remodelación”. Esta remodelación se hace demoliendo elementos viejos y malformados, sacándolos al contenedor de la basura, y luego reconstruyendo una casa más apropiada para habitar en ella. Esto es exactamente lo que ocurre en la enfermedad. Tomemos como ejemplo el sarampión: la temperatura se eleva a 104ºF, los ojos lagrimean, la nariz gotea, los pulmones expectoran moco, los riñones excretan las proteínas excesivamente desintegradas, los intestinos se aflojan y el infante siente dolor generalizado. Estos síntomas anuncian la construcción de un cuerpo nuevo y más sano, uno cada vez más personalizado a las dinámicas de esa persona en formación. Este proceso es profundamente sanador a nivel físico y espiritual y, como todo lo de tal magnitud, tiene sus riesgos y peligros. El riesgo que corre una serpiente al mudar su piel, una oruga al transformarse en una mariposa, y el que se esfuerza en hacer algo nunca antes visto, es que podemos fallar y caer en el abismo. No intentarlo, sin embargo, es mucho peor. Nuestro trabajo como padres y como médicos es ayudar al infante a cruzar el puente de la enfermedad sabiéndose guiados por nuestro amor, cuidado e inteligencia, mientras somos testigos de los procesos naturales que ocurren cuando nuestros niños batallan sus enfermedades.

LA ACTITUD DE LOS PADRES
En mis más de veinte años como médico, la observación más importante en determinar el resultado de la enfermedad de un niño es la actitud de los padres. Si los padres tienen la profunda seguridad de que su hijo es fuerte y de que la enfermedad, si es controlada, va a servir a su desarrollo, su actitud de determinación y confianza se traducirá en un ambiente de paz y efectividad que permitirá al niño sentir que puede descansar y sentirse cómodo para atravesar el proceso. El infante debe saber que los padres están atentos a la más mínima señal de que la enfermedad se está acrecentando y requiere más ayuda; el infante debe saber que puede relajarse y que todo estará bien.

CONTROLAR LA TEMPERATURA
Antes que nada, un infante con fiebre debe permanecer en cama o en un lugar cómodo y relajado. Debería tomar tantos líquidos calientes como sea posible para fomentar la eliminación a través de los riñones.  No debería enfriarse para que la fiebre haga su trabajo y se le permita “explotar y expulsar” a la enfermedad. Los intestinos deben mantenerse libres, si es necesario con un laxante suave o con hierbas que fomenten su movimiento.
Un niño enfermo puede escuchar historias que le sean leídas en voz alta, de lo contrario la única otra actividad apropiada es descansar. Mientras menor sea la estimulación mental en forma de juegos de computadora, películas y demás, mejor. La enfermedad es una tarea seria y de alta demanda energética; no hay espacio para nada más en sus vidas, sólo descansar y recuperarse. Si los padres siguieran estos simples consejos, no disminuir la fiebre, mantener la calidez, la determinación calmada, la observación cuidadosa, los líquidos en abundancia, la apertura de los intestinos, y el descanso, tendríamos muchos menos problemas con las enfermedades crónicas de los que tenemos ahora.

diumenge, 26 de maig de 2019

Enfermedades típicas de la infancia ¿Contagio por resonancia mórfica?


Foto: Por cortesia de Matías Díaz
Ante la falta de demostración de la teoría microbiana como causa de las enfermedades llamadas infecciosas, una pregunta surge de forma repetida cuando hablamos de enfermedades típicas de la infancia, la gran mayoría de ellas vacunables en la actualidad.

Si nunca se ha podido demostrar que ni bacterias ni virus sean la causa de las enfermedades ¿Cómo se explica entonces en contagio?

Voy a obviar el contagio en epidemias generales en población de cualquier edad, aunque seguramente se podría aplicar el mismo principio y me voy a centrar solamente en las enfermedades de la infancia, por estar situadas en un marco muy específico debido a la edad, a la benignidad y a la conveniencia para la salud general y evolutiva del ser humano.

La bien conocida y divulgada teoría microbiana falla desde su base cuando se estudia ampliamente.

Para empezar, los postulados de Koch que eran los cimientos en los que se construyó este edificio, no se cumplen casi nunca, algo que hasta una prestigiosa publicación médica ya reconoció hace años (en 1909 la revista Lancet publicaba que: “Los postulados de Koch se cumplen raramente o nunca”.)

 Y más allá de esto, cuando ahondamos en las verdaderas causas de epidemias como la polio, por ejemplo, se hace evidente la causa tóxica por pesticidas e incluso los casos debidos a la misma vacuna.

 Por lo tanto, sin insistir más en el tema de la falsabilidad de la Teoría Microbiana, que investigadores independientes han demostrado sobradamente, paso a una probable explicación de dicho fenómeno de contagio.

La primera afirmación que quiero dejar clara es que, descartada la causa que intereses espurios han querido que creamos, no sabemos a qué es debido el contagio. Y lo cierto es que se produce.

Las “enfermedades infantiles” que son (o eran) más contagiosas son: el sarampión, la varicela, la rubeola, las paperas, la escarlatina y la tosferina.

El hecho de que sean “enfermedades típicas de la infancia”, como solíamos denominarlas hace tan solo unos años en la historia pediátrica, ya tiene mucho significado.

Así pues:

Se producen en niños generalmente antes de los 7 años (de manera natural) lo que demuestra un programa biológico con un sentido concreto.

Lejos de lo que nos quieren hacer creer, son procesos o crisis, no solo leves, sino incluso beneficiosas para el crecimiento y desarrollo del ser humano. Le dota de recursos para una buena homeostasis y autorregulación de su sistema orgánico. Es bien sabido, desde el enfoque homeopático, que quienes no han pasado dichas “enfermedades” tienen más tendencia a una mala salud. Podríamos compararlas con un entrenamiento del sistema orgánico para mejorar y refinar la salud biológica o el terreno.

Tienen una tendencia a manifestarse en grupos infantiles, sean grupos escolares, familiares u otros, una importante función en la salud pública.

Las conocidas fiestas del sarampión (ver foto "Cómo disfrutar del Sarampión") que organizaban muchas madres nos dan la prueba histórica de la benignidad y casi alegría de alivio, cuando un hijo finalmente había pasado por todas ellas. En mi generación donde no existían programas de vacunación masivos, esta era la tónica general, hermanos, primos, amigos, todos pasábamos por esta “iniciación”.

Todas las madres sabían cómo actuar y cuidar hijos con estos procesos, eran más expertas que los propios pediatras incluso en su diagnóstico y por supuesto que nunca generaban preocupación ni alarma, formaba parte de una infancia normal.

Las raras complicaciones graves y muertes eran pura anécdota, cuya historia y gestión de la enfermedad habría que conocer y que seguramente nos explicaría la nefasta evolución. Pero sobre estas rarezas estadísticas han basado gran parte de la argumentación para justificar las vacunaciones masivas, sobre todo con el sarampión, ya que la existencia de un programa que pretende erradicarlo hace años (sin ningún éxito) hace más necesario el márquetin del miedo.

Repito que no está en mi ánimo ni pretendo afirmar nada que aún no se ha demostrado, pero sí, apuntar o sugerir una probable hipótesis.

Dicha hipótesis se basa en la teoría de la Resonancia mórfica de Rupert Shekdrake.

Nos dice Sheldrake: “Existen en la naturaleza unos campos llamados Morfogenéticos, los cuales son como estructuras organizativas invisibles que moldean o dan forma a tales cosas como plantas o animales, que también tienen un efecto organizador en la conducta”.

Se puede encontrar amplia información sobre esto en internet.

También Jung nos habla del inconsciente colectivo, o los campos akashicos de Ervin Laszlo. Muchos científicos actuales trabajan ya con estas teorías que explican campos unificados de conciencia y por lo tanto, grupos de seres que manifiesta actitudes, conductas, aprendizajes o situaciones comunes.

Así pues las enfermedades de la infancia pueden caber perfectamente en esta explicación: grupos de niños que conviven crean o manifiestan un campo morfo genético o resonancia mórfica con síntomas similares, aunque siempre diferentes según la individualidad.

Por tanto se trataría de un contagio que podríamos llamar energético, electromagnético o de resonancia informativa. Y según decíamos antes, con un objetivo reforzador de la salud, en este caso la salud grupal y por tanto un fenómeno social benéfico.

Un acuerdo tácito del inconsciente colectivo de un grupo para realizar un salto o prueba iniciática que refuerza los mecanismos biológicos y madurativos.

Es evidente que todo esto ha cambiado. La evidente inmunidad verdadera y real que tenemos quienes hemos pasado por estas enfermedades, ahora, por desgracia, ya no se produce.

La era farmacológica en general y las vacunas masivas, indiscriminadas y progresivamente más y más numerosas que reciben los niños, han modificado radicalmente el panorama.

Según mi entender han creado un caos en la homeostasis natural del cuerpo humano que ha generado una “deuda inmunitaria”, de modo que estas crisis saludables y benéficas ya no se producen. O se producen en algunos casos o pequeños brotes que van surgiendo (afortunadamente para quienes los padecen) y que demuestran fehacientemente la gran mentira de la protección por vacunas, ya que se dan mayoritariamente en niños vacunados.

Algunos adultos de la generación más vacunada y portadores de esta deuda inmunitaria, también padecen estas enfermedades, que son peor toleradas por presentarse en una edad inadecuada, según la sabia programación biológica del cuerpo humano.

Hace tiempo que intuyo esta explicación para el contagio de dichos procesos infantiles, desafortunadamente, ya casi desaparecidos.

Este fenómeno es aún indemostrable por tratarse de energía, información o campos resonantes. En el mundo mecanicista y empírico, donde sólo se valida lo que podemos percibir con los cinco sentidos, o lo que se puede medir o evidenciar con aparatos tecnológicos, todo lo demás que no está densificado en el plano de la materia, no existe.

Pero es evidente que aquello que la ciencia aún no puede medir ni demostrar por la evidencia, también existe. 
Es más, en lo sutil está la explicación y la raíz de todos los fenómenos que se expresan materialmente.