dissabte, 13 de març de 2021

Esas ganas de remirar nuestras obras

 


Ayer limpié y ordené un armario exterior donde están las basuras, las herramientas de jardinería, la bombonas de butano y algunos trastos.

Esta mañana tenía ganas de volver a ver el armario ordenado y limpio. Lo mismo que cuando planto unas flores o semillas, o estoy haciendo cualquier cosa creativa - como ahora una obra de mosaico para el fondo de una pequeña balsa, el de la foto - necesito mirarlo a menudo, observarlo, y eso me retorna “algo” que me produce satisfacción.

Mientras sentía esas ganas de ver mi armario limpio y ordenado he entendido que es el mismo proceso y sensación que se siente cuando estás enamorada, ya sea de un hermoso hombre o de tu bebé que acaba de nacer. Necesitas verlo cuantas más veces y cuanto más tiempo, mejor.

Y es que aquello que ha sido tu creación; tu trabajo; tu experiencia. Allá donde has aportado dedicación; creatividad; limpieza; en resumen, tu atención e intención, lo has imbuido con tu luz y tu amor.

Una apropiada analogía para esto sería como funciona nuestra atención y dedicación a nuestro mundo interno. A la luz y la oscuridad que somos.

Cuando limpio y ordeno mi armario sucio, he de pasar por la primera fase, sacarlo todo fuera, ventilarlo y dejarlo para poder ver la suciedad. Limpiar esa suciedad, o sea aportar luz a aquella zona oscura que antes no quería ni mirar o lo hacía muy rápidamente por necesidad. Una vez vacío y limpio, plantear una reorganización (maldito Nuevo Orden Mundial que me impide poner el concepto que me viene todo el rato a la mente para este proceso: encontrar un nuevo orden). Solucionar fallos como elevar algunos objetos por si entra agua en el suelo, utilizar mejor el espacio para que quepan mejor las cosas y poner más accesibles las que más se usan, etc. Lo mismo que hay que hacer en nuestro mundo interno.

Determinación para iniciar algo que siempre nos da pereza. Voluntad para enfrentarte a lo desconocido (¿ratas? Alguna serpiente, no sería la primera vez). Trabajo físico de levantar pesos. Hedores, suciedad…

Y eso es iluminar ese espacio, vaciarlo y reordenarlo. Lo mismo que en nuestra psique, o en nuestra alma. Aportamos luz y amor en forma de generosidad por el trabajo hecho y valentía que te retorna la comprensión, de que el miedo a lo que encontrarías no tenía ninguna base. Así que una vez más constatas que el miedo o la resistencia son más grandes en tu mente que en la realidad.

Por eso necesitamos realimentarnos de toda esta energía que hemos dedicado en el proceso, volviendo a observar nuestra obra y recibiendo eso intangible e inefable que nos reconforta y nos da plenitud, aunque sea solo en ese momento de retorno.

Así, mirar y remirar, nuestro mundo interno, una vez limpio y ordenado, con el nuevo aporte de belleza y armonía nos da alas y plenitud y en cada nueva remirada seguimos manteniendo esa relación y esa sensación de higiene. Y eso hace que ya no podamos, literalmente, dejar que se acumule tanta suciedad ni desorden de nuevo, con lo que cada vez el proceso es más fácil.

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