dilluns, 15 de juliol de 2019

Tratando la fiebre en niños



Enlazando con mi entrada anterior acerca de las enfermedades típicas de la infancia y su conveniencia para la salud futura de la persona, he encontrado este texto del Dr.Thomas Cowan, Doctor en medicina, del que comparto un fragmento por parecerme un muy buena e interesante reflexión y enfoque de la enfermedad en los niños.

Al discutir cómo tratar a niños enfermos, encontramos que hay una serie de descubrimientos que contradicen nuestra forma actual de ver las enfermedades infecciosas. Ahora vemos a las enfermedades infecciosas como episodios causados por virus y bacterias que nos invaden sin que podamos verlos, agobian a nuestro sistema inmune, y que deberían ser previstas, evitadas, o desechadas tan rápida y agresivamente como nos sea posible. En otras palabras, nuestra filosofía de la enfermedad pretende que estos episodios de malestar sean vistos como episodios casuales y sin relación entre ellos, de los que nada bueno resulta.



EL PROPÓSITO DE LA FIEBRE
Sin embargo, los hechos cuentan otra historia. Por ejemplo, todos los textos de pediatría nos dicen que un infante que tiene el síndrome nefrótico, una enfermedad en la que los riñones empiezan a dejar escapar las proteínas, se curará si es que al mismo tiempo contrae sarampión. De hecho, el sarampión es la única cura conocida para el síndrome nefrótico, que de lo contrario es tratado con el martirio de tomar Prednisona a largo plazo. Curiosamente, aplicar una vacuna de sarampión no funciona en curar el síndrome nefrótico.

Aquellos que han leído mi libro The Fourfold Path to Healing (El camino de cuatro vías hacia la sanación) saben que la historia completa del tratamiento del cáncer está íntimamente relacionado con el fenómeno de una enfermedad infecciosa. Han sido registrados muchos casos de cáncer que han retrocedido cuando el paciente contrae una enfermedad infecciosa, siendo el estreptococo el que probablemente tenga mayor capacidad de curar el cáncer. 
El estreptococo ha sido utilizado en vacunas contra el cáncer, de manera particular por el cirujano John Coley, doctor en medicina, quien reportó una remisión de casi el 40 por ciento en pacientes con cáncer al haber recibido su vacuna. En la oncología moderna, el bacilo de la tuberculosis aún es usado en el cáncer de vejiga inyectándolo a la vejiga de los afectados con este cáncer. De hecho, algunos pediatras y oncólogos han postulado que la epidemia moderna de cáncer en los niños es un resultado predecible de nuestra manía de prevenir la fiebre en nuestros niños dándoles aspirinas, tylenol y antibióticos.

Claramente, hay más detrás de las infecciones que sólo mala suerte y algo de lo que debemos deshacernos a toda costa. Profundicemos en su historia. Cuando un infante contrae fiebre, muchos procesos son activados en su cuerpo, procesos que podemos ver y experimentar sin el uso de ningún análisis en especial ni instrumentos costosos.  Primero, se incrementa el calor corporal, tanto de manera local (en donde ocurre la infección, por ejemplo en las amígdalas) como de manera sistémica. Esta respuesta sistémica es medida por la temperatura elevada del termómetro. Luego hay dolor, tanto local como generalizado, podemos llegar a sentir dolor en todo el cuerpo. En tercer lugar hay hinchazón. Finalmente hay enrojecimiento. Estos dos últimos se dan principalmente en el lugar de la infección, sin embargo cuando alcanzan grados altos vemos que toda la cara del niño se enrojece e incluso se hincha un poco. Los libros de patologías identifican estos cambios como los cuatro signos cardinales de inflamación.
En Fourfold discuto la teoría de que tenemos cuatro “cuerpos”, cada uno de los cuales participa en cada inflamación y cada uno de los cuales se activa cuando estamos enfermos. El cuerpo físico o terrenal se enrojece; el cuerpo fluído o etérico incorpora aún más fluidos, que llamamos hinchazón; el cuerpo emocional o astral experimenta una sensibilidad agudizada, que llamamos dolor, y el cuerpo cálido o mental se involucra elevando nuestra temperatura. Esta activación de los cuatro cuerpos es particularmente aguda en niños debido a que el propósito entero de la niñez es que vayamos creciendo y moldeando nuestro cuerpo hacia uno que calce nuestro propósito en la vida.
Otra manera de presentar esto es que cuando un infante se topa con un obstáculo, digamos una proteína extraña o un órgano que no se ha formado debidamente, entonces activará su “modalidad de remodelación”. Esta remodelación se hace demoliendo elementos viejos y malformados, sacándolos al contenedor de la basura, y luego reconstruyendo una casa más apropiada para habitar en ella. Esto es exactamente lo que ocurre en la enfermedad. Tomemos como ejemplo el sarampión: la temperatura se eleva a 104ºF, los ojos lagrimean, la nariz gotea, los pulmones expectoran moco, los riñones excretan las proteínas excesivamente desintegradas, los intestinos se aflojan y el infante siente dolor generalizado. Estos síntomas anuncian la construcción de un cuerpo nuevo y más sano, uno cada vez más personalizado a las dinámicas de esa persona en formación. Este proceso es profundamente sanador a nivel físico y espiritual y, como todo lo de tal magnitud, tiene sus riesgos y peligros. El riesgo que corre una serpiente al mudar su piel, una oruga al transformarse en una mariposa, y el que se esfuerza en hacer algo nunca antes visto, es que podemos fallar y caer en el abismo. No intentarlo, sin embargo, es mucho peor. Nuestro trabajo como padres y como médicos es ayudar al infante a cruzar el puente de la enfermedad sabiéndose guiados por nuestro amor, cuidado e inteligencia, mientras somos testigos de los procesos naturales que ocurren cuando nuestros niños batallan sus enfermedades.

LA ACTITUD DE LOS PADRES
En mis más de veinte años como médico, la observación más importante en determinar el resultado de la enfermedad de un niño es la actitud de los padres. Si los padres tienen la profunda seguridad de que su hijo es fuerte y de que la enfermedad, si es controlada, va a servir a su desarrollo, su actitud de determinación y confianza se traducirá en un ambiente de paz y efectividad que permitirá al niño sentir que puede descansar y sentirse cómodo para atravesar el proceso. El infante debe saber que los padres están atentos a la más mínima señal de que la enfermedad se está acrecentando y requiere más ayuda; el infante debe saber que puede relajarse y que todo estará bien.

CONTROLAR LA TEMPERATURA
Antes que nada, un infante con fiebre debe permanecer en cama o en un lugar cómodo y relajado. Debería tomar tantos líquidos calientes como sea posible para fomentar la eliminación a través de los riñones.  No debería enfriarse para que la fiebre haga su trabajo y se le permita “explotar y expulsar” a la enfermedad. Los intestinos deben mantenerse libres, si es necesario con un laxante suave o con hierbas que fomenten su movimiento.
Un niño enfermo puede escuchar historias que le sean leídas en voz alta, de lo contrario la única otra actividad apropiada es descansar. Mientras menor sea la estimulación mental en forma de juegos de computadora, películas y demás, mejor. La enfermedad es una tarea seria y de alta demanda energética; no hay espacio para nada más en sus vidas, sólo descansar y recuperarse. Si los padres siguieran estos simples consejos, no disminuir la fiebre, mantener la calidez, la determinación calmada, la observación cuidadosa, los líquidos en abundancia, la apertura de los intestinos, y el descanso, tendríamos muchos menos problemas con las enfermedades crónicas de los que tenemos ahora.

1 comentari:

  1. M'agrada. Amplia la visió convencional i plena de pors, fins a convertir-la en un fet puntual i precís especialment dissenyat pel nen en qüestió i el seu desenvolupament futur. Jo també estic d'acord tanmateix, que si els pares col·laboren, la seva part d'aprenentatge rebran de tot el procès de curació.

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