Hace un tiempo que vengo sintiendo esto, pero hoy el dolor es más agudo. Será que es acumulativo y mi vaso se va llenando hasta rebosar en forma de lágrimas. Y de llaga en el corazón.
Mi anhelo de paz interna evita cada vez más la polémica, las discusiones agresivas que tanto campan por los medios de comunicación y redes sociales. Y me he impuesto una cierta retirada, un silencio auto protector de tanta inconsciencia punzante.
Y por eso hoy mi duda estaba en si compartir estas reflexiones en voz alta o quedármelas para mí como campo de trabajo personal.
Pero una de estas dos fuerzas pesa un poco más. Y siento, como un deber de ser humano decirlo. Por si sirve para que algunos se den cuenta de lo que está pasando en el mundo y se unan a la toma de conciencia que por sí misma ya crea una masa crítica y que puede dar la vuelta a todo este sinsentido.
Supongo que mi amor a los niños (y me estremezco incluso al usar el término “amor” porqué me lleva a pensar en una de las mayores aberraciones que están sucediendo, la pederastia que se justifica detrás de esta palabra tan denostada y malinterpretada), me llevó a dedicarme a la pediatría y a tener tres hijos. Y esto me ha situado en un privilegiado observatorio de este bello mundo que es la infancia.
Mi anhelo de paz interna evita cada vez más la polémica, las discusiones agresivas que tanto campan por los medios de comunicación y redes sociales. Y me he impuesto una cierta retirada, un silencio auto protector de tanta inconsciencia punzante.
Y por eso hoy mi duda estaba en si compartir estas reflexiones en voz alta o quedármelas para mí como campo de trabajo personal.
Pero una de estas dos fuerzas pesa un poco más. Y siento, como un deber de ser humano decirlo. Por si sirve para que algunos se den cuenta de lo que está pasando en el mundo y se unan a la toma de conciencia que por sí misma ya crea una masa crítica y que puede dar la vuelta a todo este sinsentido.
Supongo que mi amor a los niños (y me estremezco incluso al usar el término “amor” porqué me lleva a pensar en una de las mayores aberraciones que están sucediendo, la pederastia que se justifica detrás de esta palabra tan denostada y malinterpretada), me llevó a dedicarme a la pediatría y a tener tres hijos. Y esto me ha situado en un privilegiado observatorio de este bello mundo que es la infancia.
